domingo, 1 de noviembre de 2015

La muerte según Thich Nant Hanh




En el vídeo titulado La muerte es una ilusión’ (1,46 m.), Thich Nhat Hanh explica cómo ve él la muerte. Esta es la transcripción de su respuesta a la pregunta ¿Qué sucede cuando morimos?:
“Es como una nube en el cielo. Cuando la nube ya no está en el cielo no significa que la nube haya muerto. La nube continúa en otras formas, como lluvia o nieve o hielo. Así que uno puede reconocer tu nube en sus nuevas formas. Si estás muy encariñado de una nube hermosa y si tu nube no está más ahí, no deberías estar triste. Tu amada nube pudo haberse convertido en lluvia, llamándote ‘querida, querida ¿No me ves en mi nueva forma?’. Y entonces no serás golpeada por la pena y la desesperación. Tu ser amado continúa siempre. La meditación te ayuda a reconocer su presencia constante en nuevas formas.
Nuestra naturaleza es la naturaleza sin nacimiento y sin muerte. La naturaleza de la nube también. Una nube no puede morir nunca. Una nube puede volverse nieve o granizo o lluvia, pero es imposible para una nube pasar de ‘ser’ a ‘no ser’, y eso es verdadero para con tu ser amado. Ella no ha muerto, ella continua en muchas formas nuevas. Y uno puede mirarla profundamente y reconocerla en uno y alrededor de uno.”
Puedes ver el vídeo AQUÍ.
Subtítulos y traducción del vídeo: José García
Foto tomada de vnexpress.net

lunes, 26 de octubre de 2015

¿Los budistas rezan al Buda?







¿Cuántas veces al día rezas? ¿Cuándo y dónde rezas? Estas son preguntas irrelevantes que me han formulado muchas veces. En cada oportunidad explico que no es correcto hacer esas preguntas a un budista. Rezar significa rogar o dar gracias a Dios. Ya que el Budismo es una religión ateísta, automáticamente tales términos se vuelven sin sentido.

Pero, por otro lado, debemos aceptar que es razonable que nos hagan tales preguntas porque, como la mayoría de las religiones, los budistas también tienen un lugar especial llamado templo (vihāra) y reverencian símbolos como las estatuas del Buda, las pagodas (que se dice que contienen reliquias del Buda), el Árbol Bodhi, bajo el cual el asceta Gotama alcanzó la iluminación, etc. También veneran y hacen ofrendas al Buda (vandanā y pūjā) y cantan fórmulas especiales cuando realizan sus ofrendas y veneración al maestro. Los budistas ofrecen velas, incienso e, incluso, comida al Buda. Aunque estas fórmulas y la forma de las ofrendas y cantos varía de secta en secta, el significado de todas estas actividades es el mismo.

Los budistas veneramos al Buda como símbolo de gratitud, porque él nos ha mostrado la vía correcta para salir de la desdicha y nos ha dado un conocimiento verdadero para ver el mundo tal como es, en lugar de hacerlo a través de nuestra propia ilusión e imaginación. Para hacer esto, el Buda tuvo que sacrificar su tiempo, su energía e, incluso, su vida, no sólo una sino muchas, muchas veces. En segundo lugar, esta ofrenda y veneración toma la forma de meditación. No ofrecemos flores, incienso y luz al Buda como decoración o regalo para hacerlo feliz y obtener bendiciones materiales (riqueza, salud, seguridad, etc.).

Para los budistas estas ofrendas son un muy buen ejemplo de la impermanencia. Ahora las flores son muy bonitas y atractivas, pero mañana se marchitarán –así morirá mi cuerpo (pupphaṃ milāyati yathā idamme, kāyo tathā yāti vināsabhāvaṃ). Para nosotros, las luces son objetos aún más útiles. Los buddhistas consideran la luz como símbolo de la sabiduría, y la oscuridad como símbolo de la ignorancia y la ilusión. La luz también representa la impermanencia.

El incienso es considerado como el símbolo de una vida virtuosa (etesaṃ gandha jātānaṃ, sīla gandho anuttaro –la fragancia de la virtud es, lejos, la más dulce) [1]. Por lo tanto, cuando, periódicamente, realizamos nuestras ofrendas, recordamos la gran contribución del Buddha a la humanidad y, también, la verdadera naturaleza de los seres y la importancia de obtener sabiduría. Observar las virtudes y cualidades del Buda es una clase especial de meditación (buddhānussati). De modo que es un gran error considerar la veneración budista como la adoración de un ídolo, el culto a los ancestros, o el agradar al Buda para satisfacer nuestras demandas materiales y espirituales creyéndolo un poder divino viviente.

Nota

[1] Dhammapada, 55.

Ven. Pidiville Piyatissa, «An Exposition of Buddhism», The Corporate Body of the Buddha Educational Foundation, Taipei, 1995. Traducción y nota: Alejandro P. de León, Buenos Aires, 2005. Corrección: María Isabel Zapico. Revisión: 05-Abr-2006.


domingo, 4 de octubre de 2015

El silencio: Palabra Suprema

Únicamente el silencio es la palabra suprema,
sólo la iluminación es la respuesta universal.

En el silencio de la mente y en la serenidad del corazón, los símbolos se desvanecen en la realidad simbolizada. La Realidad liberada de cualquier representación aparece tal y como es. La Realidad en sí es la Palabra Suprema, mas allá de cualquier palabra. La Palabra Suprema es pues no-palabra, silencio. Este silencio es conocimiento luminoso sin conocedor ni cosa conocida. Es iluminación. Esta experiencia de iluminación es la respuesta a todas las preguntas pues en ella todas las preguntas se desvanecen. Cuando el sujeto cuestionante se funde en el objeto cuestionado, ambos, sujeto y objeto desaparecen y, por consiguiente, todo cuestionamiento queda superado. Como decía un viejo maestro zen: «Cuando la lanza se encuentra con la flecha en pleno vuelo, preguntas y respuestas aparecen maravillosamente fundidas»”.

Mozhaoming
«Canto a la Luz Serena»
del maestro Chan Hongzhi Zhengjue
Traducción y comentarios de Dokushô Villalba

Extraído del libro KÔMYÔ, Clara Luz
Enseñanzas del maestro zen Dokushô Villalba
Pag.159
Colección de corazón a corazón.
Miraguano Ediciones

martes, 8 de septiembre de 2015

El Océano Interior. Guía fácil de la meditación zen.



La segunda mitad del siglo XX ha sido testigo de la llegada de las tradiciones espirituales orientales a Occidente, entre ellas el Budismo Zen con su practica básica, la meditación zazen. Actualmente se cuentan por centenares los centros de meditación zen en Estados Unidos, Canadá y Europa. También en España se observa un crecimiento progresivo de centros zen y de personas que lo practican. La práctica de la meditación zen está formando cada vez mas parte de nuestras costumbres. Sin lugar a dudas, este hecho está siendo muy positivo y tendrá una influencia cada vez mayor en nuestra manera de ser y de percibir la realidad.


Este artículo fue publicado hace unos doce años en la revista Cuerpomente’ por el maestro zen Dokushô Villalba, abad del Monasterio zen Luz Serena (Requena, Valencia).


El jardín secreto

Nuestra mente es a menudo parecida a un océano agitado en el que continuamente se agitan las olas de su actividad incesante: emociones contradictorias, pensamientos variados, sensaciones, expectativas, etc. La sociedad de consumo que sufrimos dirige nuestra atención hacia la realidad externa, en pos de la adquisición de bienes y de información. La industria del deseo excita nuestras ansias mostrándonos una zanahoria ilusoria magníficamente presentada por las agencias de publicidad. De esta manera la noria de nuestros días va girando y girando, año tras año, al mismo tiempo que la serenidad interior y el verdadero estado de felicidad se alejan cada vez más de nosotros.


En contraste, nuestro mundo interno permanece en la sombra. Nuestra mente es también como un jardín secreto abandonado en el que las zarzas y las malas hierbas, -los pensamientos obsesivos, las emociones perturbadoras, etc.-, crecen por doquier. Resultado de ello es un estado mental y emocional confuso, agitado, en definitiva, insatisfactorio. Sentimos malestar pero no sabemos lo que nos pasa. "Lo que nos pasa es que no sabemos lo que nos pasa. Por eso nos pasa lo que nos pasa", decía Ortega y Gasset. Para saber lo que nos pasa no tenemos más remedio que mirar dentro de nosotros mismos, comprendernos a nosotros mismos, hacernos íntimos con nosotros mismos, clarificar nuestras aspiraciones, simplificar nuestros deseos y encontrar el verdadero propósito de nuestra existencia. Esta es la mirada interna, el gran regalo que la meditación tiene reservado para cada uno de nosotros.

Generando calma mental

Zazen, la meditación zen, es una práctica espiritual muy antigua que fue actualizada y utilizada por el Buddha Sakiamuni como vía de acceso a un estado existencial caracterizado por una profunda serenidad y una lucidez aguda, gracias a las cuales pudo realizar la verdadera naturaleza de la existencia y liberarse así de las falsas representaciones creadas por la mente ilusoria.



Veamos en qué consiste una sesión de zazen. La agitación mental viene dada por la dispersión (desenfoque) de la atención. Lo primero que tenemos que hacer al comenzar una sesión de zazen es, pues, calmar la agitación mediante la concentración (enfoque) de la atención. Para ello, en primer lugar, enfocamos la atención sobre la postura corporal. Creamos una base corporal sólida doblando las piernas en loto o en medio loto, de forma que las dos rodillas en contacto con el suelo y las nalgas en contacto con el zafu (cojín para zazen) formen una base estable sobre la que pueda erguirse el tronco. Estiramos bien la columna vertebral. Relajamos los hombros. La cabeza permanece justo sobre los hombros, sin inclinarse hacia delante, detrás, izquierda o derecha. Dejamos caer los brazos a lo largo del cuerpo y disponemos la mano izquierda sobre la mano derecha, ambas pegadas al bajo vientre.

Una vez que nos hemos cerciorado de que la postura corporal es correcta y equilibrada, enfocamos la atención sobre la respiración. Enfocar la respiración sobre la respiración no quiere decir "controlar" la respiración. La respiración no necesita ser controlada. Sucede por ella misma. La inspiración sucede a la espiración y ésta a la inspiración siguiendo un ciclo natural en el que la voluntad de manipular sobra. Simplemente permanece atento a la respiración como si tu atención fuera un corcho que flota sobre las olas de la inspiración y de la espiración. Eso sí, no dejes que tu atención sea atraída por nada que no sea la respiración. No luches contra las distracciones. Simplemente enfócate con determinación sobre la respiración. De esta forma, naturalmente, automáticamente, inconscientemente, tu actividad mental se calmará.

Nadando en las aguas cristalinas

Cuando la superficie del agua de la mente está agitada es imposible observar el fondo. Todo se vuelve confuso. Sin embargo, cuando la superficie se ha calmado entonces puedes observar claramente el fondo y sus contenidos.


Una vez que sientas que tu mente se ha aquietado gracias a la concentración sobre la respiración, puedes abrir el campo de la atención gracias a la observación. Los principiantes deben ser muy cautelosos a la hora de pasar a la observación y deben asegurarse de que el nivel de concentración, o quietud, no sufre mengua.

Puedes enfocar tu atención sobre las sensaciones: corporales, visuales, auditivas, gustativas, olfativas y tomar conciencia (observar) de cada una de ellas. Aquí debes tener mucho cuidado. ¿Por qué? Por lo general, la mente tenderá automáticamente a catalogar las sensaciones como agradables, desagradables y neutras. Las sensaciones agradables generarán automáticamente una actitud emocional de apego, las desagradables de rechazo y las neutra de indiferencias. Cuando una ola se levanta, otras muchas la siguen inmediatamente y de esta forma puedes encontrarte de pronto en un mar agitado, zarandeado por las olas del apego y del rechazo.

La observación sólo puede tener lugar desde la ecuanimidad de la concentración. Si sientes que estás perdiendo la ecuanimidad, debes abandonar inmediatamente la observación y volver a enfocar tu atención sólo en la respiración, de forma que la concentración y la quietud que la acompañan sean reforzadas. La concentración (ecuanimidad) es el submarino mono-plaza que proporciona la protección necesaria para explorar (observar) la riquísima fauna y flora de nuestra conciencia, sin peligros.

Observando el color de las lentes

Si tu concentración es notable y durante un espacio de tiempo aceptable has estado explorando la riqueza de la actividad sensorial de tu mente, puedes dar un paso más y enfocar tu atención en tus actitudes emocionales. La amplia gama de emociones que los seres humanos somos capaces de experimentar tiene tres raíces principales: el rechazo y toda su familia (aversión, odio, antipatía, malevolencia, etc); el apego y toda su familia (aferramiento, simpatía, identificación, etc.) y la indiferencia y toda su familia (desinterés, etc.). Como se ha dicho ya, el rechazo suele acompañar a las sensaciones y pensamientos que la mente considera desagradables. El apego viene acompañando a las sensaciones y pensamientos considerados agradables y la indiferencia acompaña a las sensaciones y pensamientos considerados neutros.

Observar las actitudes emocionales a través de las cuales percibimos la realidad es una práctica sutil y difícil que necesita una cierta experiencia y un poder considerable de ecuanimidad. Se trata de tomar conciencia del color de las lentes a través de las cuales percibimos la realidad y, en la mayoría de los casos, una mente no entrenada es incapaz de discernir la realidad objetiva de su percepción subjetiva. Gracias a la práctica de la observación de las actitudes emocionales, la mente misma puede verse a sí misma con mayor objetividad y liberarse de las lentes coloreadas o, al menos, tomar conciencia del color (la deformación) a través del cual está percibiendo. Esta práctica genera una mayor ecuanimidad emocional y libera a la mente del penduleo extremo entre el apego ciego y el rechazo visceral.

Observando el observador

Si tu práctica de zazen evoluciona naturalmente a lo largo del tiempo, tarde o temprano te enfrentarás a la paradoja del observador observado. ¿Quién es el que observa? O mejor aún, ¿desde dónde parte la observación? Lo observado depende del punto de vista desde el que se observa. Según el punto desde el que parte la observación, la realidad observada será una u otra. En este nivel de zazen, puedes tomar conciencia de los contenidos mentales (programas, metaprogramas, sintaxis, etc.) o presupuestos inconscientes desde los que parten tu observación de la realidad que estás experimentando. Al tomar conciencia de ellos puedes darte cuenta al mismo tiempo hasta qué punto te sientes identificado (apegado) con ellos. Si, gracias a una observación ecuánime, permites que esa identificación emocional se disuelva, esos metaprogramas cognitivos perderán consistencia y podrás liberarte de ellos. De esta forma, al cambiar los presupuestos de tu observación, una nueva realidad aparecerá ante tus ojos.

Una vez en este punto, ya no podemos decir a ciencia cierta si es el observador el que observa la realidad o es la realidad la que observa al observador. Como decía Alan Watts, te experimentas a ti mismo "como una abertura a través de la cual el universo se observa a sí mismo". En palabras de un maestro zen:

"Miro la flor
Y la flor se ve a si misma
a través de mí.
La flor me mira
Y me veo a mis mismo
A través de ella".

Más allá del observador y de lo observado

Tu conciencia (la conciencia que el mundo toma de sí mismo a través de ti) no es tuya. Carece de propietario. Su naturaleza es su propia luz, gracias a la cual la realidad es lo que es en cada momento. Si has llegado hasta aquí tu mente iluminada verá que las cosas son lo que son y las aceptarás plenamente tal y como son. Si no has llegado hasta aquí, las cosas son lo que son aunque no lo veas ni lo aceptes.

Luz y sombra

Si te has sentado en zazen buscando la luz del espíritu no te extrañes si te encuentras de frente con tus propias sombras, con los aspectos más recónditos de tu inconsciente que permanecen ocultos a tu propia conciencia ordinaria. Un viejo maestro zen dijo: "La luz existe en la oscuridad, no veas sólo oscuridad. La oscuridad existe en la luz, no veas sólo luz. Luz y oscuridad depende la una de la otra como el paso de la pierna izquierda depende del paso de la pierna derecha". La toma de consciencia de tu propia oscuridad y la aceptación de la misma son requisitos básicos para comenzar a poner un poco de luz en la sombra. De la misma manera que el reconocimiento de la propia ignorancia es el comienzo del camino hacia la sabiduría, el reconocimiento de la propia sombra es el comienzo del camino hacia la claridad. Cuida de no caer en actitudes extremas: no creas que por haber clarificado un par de cosas ya lo has clarificado todo, no creas que por que has encontrado zonas oscuras, toda tu mente es oscuridad. La oscuridad existe gracias a la luz que la percibe. Como decía el maestro Kodo Sawaki: "La oscuridad de la sombra del pino depende de la claridad de la luna".

La guía y el guía

Esta guía para la meditación zen es como un pequeño mapa introductorio. No pienses que con él podrás iniciarte a la práctica de la meditación zen. Las instrucciones directas de un maestro zen son imprescindibles. La meditación zen es mucho más que una técnica de meditación y ni siquiera un grueso manual puede suplir la enseñanza directa de un maestro zen, de persona a persona, de corazón a corazón. El secreto de zazen no está tanto en la técnica como en la actitud (ética) con la que se practica.

Dokushô Villalba
Maestro de meditación Zen, fundador y director espiritual de la Comunidad Budista Soto Zen española y del Monasterio Zen Luz Serena (Valencia, España), creador de la metodología Mindfulness Basado en la Tradicion Budista (MBTB).
Fotografías del autor.

Cuatro actitudes básicas.

A la hora de abordar una sesión de zazen es importante cultivar cuatro actitudes básicas:

1.  Actitud corporal. La posición corporal debe combinar dos aspectos: estabilidad y vigilia. La postura de zazen en loto o en semiloto es la que obtiene el mejor resultado de la relación estabilidad-vigilia. En cualquier caso, es fundamental que la postura te permita permanecer inmóvil y atento el mayor tiempo posible. A esto se le llama estabilidad.
2.   Actitud emocional. No te apeges ni rechaces emocionalmente ningún contenido de los que aparecen en tu campo de conciencia. Acepta cada sensación, emoción o pensamiento tal y como es, sin elegir ni rechazar. Si aparece en ti el apego o el rechazo, toma conciencia de que el apego o el rechazo ha surgido en ti y déjalos estar sin darles importancia. A esto se le llama ecuanimidad.
3.   Actitud mental. No tomes partido ni por ni contra nada, sea lo que sea. No juzgues tus propios sentimientos, sensaciones o pensamientos. No digas: "Esto está bien, esto está mal". Si aparecen juicios y valoraciones en tu mente, toma conciencia de los juicios y valoraciones que han surgido y déjalos estar sin darles importancia. A esto se le llama objetividad.
4.   Actitud espiritual. No huyas ni persigas nada, sea lo que sea. No quieras alcanzar nada ni liberarte de nada, sea lo que sea. Simplemente quédate ahí, observando, aceptando que cada cosa es lo que es en este momento. A esto se le llamaapertura interior.


Efectos de la meditación zen.

No emprendas la práctica de zazen buscando resultados inmediatos. La meditación no es una máquina expendedora de refrescos. Enfócate en el presente y olvida el pasado y el futuro. Si continuas practicando cada día con perseverancia, sus efectos irán apareciendo sutil y paulatinamente. Entre ellos cabe destacar:

Despertar. Las conciencias sensoriales se agudizan. El nivel de atención aumenta. La conciencia de los actos, palabras, pensamientos y sentimientos se vuelve clara. Esto hace que la mente en general pueda permanecer en un estado de despertar óptimo.

Integración. Se reduce la tensión generada por las contradicciones. Las parejas de opuestos (cuerpo-mente, yo-otros, bien-mal, amor-odio) comienzan a trabajar en sincronicidad armónica.

Integridad. La armonización de las contradicciones y el estado de despertar  te ayudarán a sentirte íntegro y total en tus acciones, palabras y pensamientos. Eres lo que eres y en cada momento estás haciendo lo que estás haciendo, plenamente, con la totalidad de ti mismo.

Centramiento. La integridad contigo mismo y en ti mismo te permitirá permanecer en todo momento centrado en tu propio eje, tanto física como emocional y mentalmente. Aunque todo se mueva dentro de ti y/o a tu alrededor,  sabrás encontrar el centro inmóvil y morar en él con calma.

Apertura. La firmeza interior generada por el profundo centramiento al que induce zazen te permitirá abrirte al mundo sin miedo y, al entrar en contacto con él, podrás tomar conciencia del dolor y del sufrimiento de los demás seres vivientes, así como de la gran oportunidad que es la vida humana.

Libros de interés

Taisen Deshimaru
"La práctica del Zen" (De. Kairós)

Philip Kapleau
"El Despertar del Zen en Occidente" (Ed. Kairós).

Sekida, Katsuki
"Zazen" (Ed. Kairós)

Dokushô Villalba
¿Qué es el Zen? (Ed. Miraguano)

Dokushô Villalba
"Fluyendo en el presente eterno" (Ed. Miraguano)


Contacto:
Dokushô Villalba
Comunidad Budista Soto Zen
Monasterio Zen Luz Serena
46356 Casas del Río
Valencia
Telf. 96.230.10.55
www.sotozen.es
info@sotozen.es

Extraído de  http://dokushovillalba.blogspot.com.es/2015/08/el-oceano-interior-guia-facil-para-la.html

miércoles, 1 de octubre de 2014

¿Qué es el Budismo Zen?

Shakyamuni Buda alcanzó esta experiencia de despertar llamada "iluminación" mediante la práctica de una meditación exacta y poderosa, basada en el aquietamiento del cuerpo y de la mente y en una profunda introspección.

 

Después de su iluminación, Buda Shakyamuni enseñó las Cuatro Nobles Verdades:

 

La Verdad del Sufrimiento. La existencia es sufrimiento.

 

La Verdad de la Causa del Sufrimiento. El deseo, el apego y la ignorancia son las causas del sufrimiento.

 

La Verdad de la Cesación del Sufrimiento. Los seres humanos podemos experimentar un estado de conciencia exento de sufrimiento.

 

La Verdad del Camino hacia la Cesación del Sufrimiento. A este Camino se le llama el Noble Sendero Óctuple porque está formado por ocho aspectos:

 

• Visión correcta.

• Pensamiento correcto.

• Palabra correcta.

• Acción correcta.

• Medio de existencia correcto.

• Esfuerzo correcto.

• Atención correcta.

• Meditación correcta.

 

Todas las formas de Budismo tienen su fuente original en esta primera enseñanza dada por Shakyamuni Buda en el Parque de las Gacelas de Benarés, poco tiempo después de su iluminación. La enseñanza del Buda ha aparecido en este mundo para indicar a los seres humanos el camino que conduce desde el sufrimiento a la liberación del sufrimiento.

 

Durante los siglos que sucedieron a la desaparición de Shakyiamuni, el Budismo se extendió por toda India y el sudeste asiático. Pronto surgieron divergencias entre distintas maneras de interpretar las enseñanzas originales del Maestro.

 

Se crearon diversas escuelas y se desarrolló una compleja exégesis sobre el sentido real de lo enseñado por el Buda. Esto produjo una cierta confusión en el mundo budista primitivo.

 

Ante esta confusión, grupos cada vez más numerosos de maestros y monjes budistas decidieron retirarse a las montañas y a los bosques para dedicarse exclusivamente a la práctica de la meditación enseñada por el Buda.

 

Así, de manera poco organizada, fue naciendo la llamada Escuela de Dhyana.

 

Dhyana es un término sánscrito que significa "absorción de la mente" y designa el estado de conciencia propio de la meditación budista. Dhyana se convirtió en Ch'an na, en chino. Más tarde la expresión quedaría abreviada en Ch'an. Zen es la transcripción fonética al japonés del término chino Ch'an.

 

La enseñanza del budismo zen no está basada en las escrituras, sino que es transmitida de corazón a corazón, de maestro a discípulo, a través de la realización de la propia naturaleza original que tiene lugar gracias a la práctica de la meditación zen.

Más información en   

miércoles, 17 de septiembre de 2014



Esta sesshin de introducción está diseñada para los que nunca han participado en un retiro Zen. Se dan explicaciones detalladas sobre la práctica de la meditación (zazen), la comida en cuencos (oryoki), las recitaciones de los sutras, el trabajo consciente (samu) y todos los demás aspectos de la práctica del Zen. También se dedica un tiempo a ejercicios de flexibilidad y estiramientos que permitan adoptar la postura de zazen con mayor facilidad.


La atmósfera de silencio y el cultivo del estado de presencia en cada gesto hacen de estos días una experiencia fundamental en la Vía del Despertar.

EQUIPAMIENTO NECESARIO
  • Ropa holgada, cómoda, en colores lisos y sobrios, sin marcas ni logotipos que puedan desentonar con el clima de simplicidad y recogimiento propios de la práctica de la meditación.
  • Calcetines blancos.
  • Sandalias fáciles de poner y quitar, para entrar y salir más fluidamente de la sala de meditación.
  • Cojín de meditación (zafu) personal. En caso de no disponer de uno, el monasterio presta cojines durante el retiro.
  • Juego de cuencos (oryoki). Se pueden conseguir en el monasterio.
  • Ropa de trabajo distinta de la ropa de meditación.
  • Toallas, sandalias de ducha y útiles de aseo.
  • Linterna de mano y libreta con bolígrafo o lápiz para apuntes personales.

INFORMACIÓN E INSCRPCIÓN
Monasterio Zen LUZ SERENA
Comunidad Budista Soto Zen
46356 Casas del Río
Valencia (España)
962.301.055
609.415.605

Se realizará en el Monasterio Luz Serena, en el marco incomparable del Parque Natural las Hoces del Cabriel, donde la presencia de la naturaleza nos facilita la conexión con nuestra verdadera naturaleza.

El Retiro está dirigido por el maestro Zen Dokushô Villalba, presidente de la Comunidad Budista Soto Zen y Abad del monasterio Luz Serena.

DATOS PRÁCTICOS
Llegada: Jueves 9 de Octubre (Por la tarde)
Partida: Domingo 12 de Octubre (después de la comida)
Donación: 250€

lunes, 14 de julio de 2014

Entrevista en De Humano

Una entrevista de Ana Quintana
ENTREVISTA EN http://dehumano.com/agustin-vazquez/


De cuando alguien te dice que el sentido de su vida es el acto consciente de darse...

En gassho amigo, honrando al ser humano que hay en ti, porque en él se encuentra todo el universo. Honrando el espacio que ocupas y la humildad del amor que entregas. Honrando al momento presente donde me ocurre la vida.

Se que cuando uno se reverencia ante alguien, en ese momento le está dando la espalda a otro ser humano, pero cuando lean la entrevista, creo que quedará absolutamente justificado.

Gracias a Dokushô Villalba por ser las alas para este aprendizaje.


Ana Quintana

El sentido de la vida es el acto consciente de dar-se


El amor conserva la belleza  y aún siendo perecedera, reside en los ojos del que la mira. ¿Usted dónde la encuentra?
En la vida diaria. Cuando la vida te da un toque de atención y te encuentras en una cama de hospital con un pie más allá que aquí,  rodeado de médicos y enfermeras diciendo “¡que se nos va!”, comprendes que la verdadera belleza es vivir el día a día y encontrar en cada cosa que haces la belleza que te regala la vida. Pienso que el amor conserva la belleza y ésta está impregnada de amor, y si no, observa en cada cosa que haces como estos dos elementos se manifiestan constantemente. La fusión de la belleza manifestada con la belleza observada es un acto pleno de amor.

Para mi hay gente que es tan inteligente que aprende de los demás. ¿Cuál ha sido la mejor lección que la vida le ha dado?
¡Son tantas!, pero la que me viene en primer lugar es mi enfermedad. Doy gracias a la vida por haber puesto en mi camino un corazón enfermo. Llevo treinta años con un corazón débil y me ha dado las mayores satisfacciones personales. Sobre todo el hacerme amigo de una enfermedad que hace años me hubiera llevado a la tumba, pero la vida me llevó a la meditación zen, en ella descubrí cuál era el verdadero sentido de mi enfermedad. Me hice amigo de ella y ahora ¡somos íntimos amigos!

“La fusión de la belleza manifestada con la belleza observada es un acto pleno de amor”


“La muerte es algo que no debemos temer porque, mientras somos, la muerte no es y cuando la muerte es, nosotros no somos” (Antonio Machado) Si le preguntara… ¿cuál cree que es el sentido de la vida?
Es el acto consciente de dar-se. En este acto el ego no tiene cabida, porque no tiene nada que hacer. Uno “se olvida” de sí mismo y ese momento forma parte de un todo. No da uno, sino es el universo el que se da a sí mismo: es el universo el que se da a través de ti. ¡Cuántas veces oímos en nuestro entorno que uno recibe más de lo que da!, sencilla y llanamente porque cuando te olvidas de ti, para dar todo lo que tienes, la realidad es mucho mayor de lo que tu percibes. Cuando nos “olvidamos” de nosotros mismos sentimos la mayor de las satisfacciones que un ser humano puede ansiar. En el zen se enseña a no perseguir un objetivo. La acción que estás realizando en cada momento, con atención plena, es la mayor satisfacción que puedes vivir sin tener en cuenta el objetivo ya que este es un producto de la mente.

Nos seguimos dañando por el color de la piel, la bandera o religión ¿por qué cree que los seres humanos no logramos ponernos de acuerdo?
Porque nos consideramos superiores al otro. No tenemos la suficiente humildad para reconocer que la persona que tienes enfrente tiene algo que enseñarte. Simplemente tienes que observar las conversaciones que tenemos en nuestro entorno habitual. No dejamos que el otro se exprese con naturalidad y con entera libertad. Según lo que nos está diciendo en algunos casos no le dejamos exponer su opinión, y en otros ya le estamos amenazando con nuestros gestos, con nuestra postura corporal, y eso en el mejor de los casos que le dejemos hablar pausada y tranquilamente. Estamos en una sociedad que lo que enseña es la supremacía del uno contra el otro: la competitividad. Mientras estos valores no se cambien por la solidaridad plena nos seguiremos dañando por el color de la piel, la bandera, la religión, etc. Cuando dejemos de pensar que somos el centro del mundo las cosas nos irán mucho mejor.

“Doy gracias a la vida por haber puesto en mi camino un corazón enfermo”


Creo firmemente que la felicidad es una decisión y sobre todo una actitud ¿de qué depende la suya?
De aceptar las cosas tal cual son. No me refiero al conformismo, sino a que no aceptamos que las cosas cambian. En el budismo se dice que uno de los sellos de la realidad es la impermanencia: todo cambia, y no hay nada que dure eternamente. Vivimos como si todo durara eternamente, como si no nos fuéramos a morir nunca. Queremos que las cosas nos duren eternamente, no aceptamos los cambios, ni siquiera nos paramos a pensar por qué tal situación cambia, o que enseñanza me está dando la vida en este proceso de cambio que estoy viviendo en una situación concreta. Simplemente nos incomoda porque nos hace pensar y cambiar de forma de vida. Y esto no lo podemos aceptar.
  
La vida, para mí, no es un problema a resolver sino un misterio a descubrir ¿y a usted qué le motiva?
La meditación zen. Me ayuda a hacerme íntimo conmigo mismo. Gracias a mi maestro Dokushô Villalba que me ha enseñado esta forma de vida y de autoconocimiento es lo que mueve mi vida. Comprender quien soy, hacerme íntimo conmigo mismo es la base para comprender a los demás. Como él nos dice en sus enseñanzas “la meditación zen (zazen) es “sentarse y sentirse”, es un proceso mediante el cual la materia se transforma en energía y la energía en luz: la luz de la conciencia”.

“Cuando nos “olvidamos” de nosotros mismos sentimos la mayor de las satisfacciones que un ser humano puede ansiar”


¿Para que todo vaya mejor es necesario saber lo que uno quiere?
Es fundamental. Saber en dónde estás y a donde quieres ir. Añadiría que tenemos que estar abiertos a las enseñanzas que la vida te va mostrando.

Hábleme del silencio…
Tenemos tanto miedo al silencio que buscamos fuera lo que tenemos dentro de nosotros. Cuando nos encontramos solos con nosotros mismos huimos de nosotros y necesitamos un ruido para no conectar con nuestro ser interior: ponemos la radio, la televisión, oímos música, etc. El silencio es una herramienta que todos tenemos para poder conectar con nuestra propia naturaleza. Ortega y Gasset decía “lo que nos pasa es que no sabemos lo que nos pasa, por eso nos pasa lo que nos pasa”. El silencio nos ayuda a conocernos a nosotros mismos y a liberarnos de nuestros miedos y de nuestro propio sufrimiento. Tocas en lo más profundo de tu corazón y si somos sinceros con nosotros mismos tenemos mucho andado para ser felices que es en realidad lo que todos buscamos.