martes, 27 de septiembre de 2011

El té de las cinco

Era un acto religioso. Todas las tardes cuando el reloj del salón anunciaba con su toque las cinco campanadas, en la mesa camilla que estaba junto a la ventana, el té humeante embadurnaba el ambiente de aquel lugar que olía a una agradable insinuación al cotilleo. Por la ventana él veía a la dulce dependienta abrir la tienda de lencería. Y soñaba cada tarde con invitarla a tomar el té, pero algo se lo impedía.

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